¿Debo ponerle límites a mis hijos? ¿Cómo?

 

Aprender a respetar los límites es una de las herramientas de vida más valiosas que podemos darle a un hijo. Un límite suele indicar un punto que no debe o no puede sobrepasarse.

 

Cuando los padres no ponen límites a sus hijos, ellos crecen creyendo que todos sus “deseos les deben ser complacidos” y de esta forma, se privan de la posibilidad de aprender a tolerar la frustración y la capacidad de auto-controlarse, situaciones a las que definitivamente se van a tener que enfrentar en la vida y por lo tanto, corren el riesgo de ser adultos que viven a partir de mentiras, generan adicciones, se les dificulta construir y sostener relaciones sociales, laborales y sentimentales.

 

Sin embargo, las consecuencias de la falta de límites en el hogar se comienzan a ver en los primeros contactos sociales, como la entrada al kínder, las fiestas de cumpleaños, los parques infantiles, reuniones familiares, etc.  Ya que cuando los niños han carecido de límites en casa, tienen mayores dificultades para seguir instrucciones, esperar turnos, tolerar diferencias de personalidades u opiniones y en general el respeto por lo demás, ya sean figuras guías como los maestros o los otro niños, y por lo general, no saben cómo enfrentarse a estas situaciones de forma respetuosa por lo que tienen a golpear, empujar, gritar, pelear y hacer “berrinches”, lo que genera que a otros niños no les agrade jugar con ellos, y desde ahí comienza la dificultad para tener amigos y ser aceptados, lo que afecta su autoestima y autoconfianza.

 

¿Cómo poner límites?

 

  • Establezca rutinas: establezca una rutina que se cumpla siempre en el mismo orden, no necesariamente a la misma hora, aunque en muchas ocasiones los horarios de trabajo y escolares nos limitan a ciertos horarios. La importancia de la rutina no es la hora, sino la secuencia.  Una rutina de levantarse podría ser: levantarse, ordenar la cama, bañarse, desayunar y lavarse los dientes.  Una rutina a la hora de comer podría ser: lavarse las manos, poner la mesa, comer, levantarse de la mesa una vez que haya terminado, llevar los platos al fregadero y lavarse los dientes.  Una rutina para la hora de acostarse podría ser: ponerse la pijama, orinar, lavarse los dientes, leer un cuento, hacer una oración, un beso de buenas noches, apagar la luz y cerrar los ojos para dormirse.

 

Cada familia puede adaptar las rutinas a sus costumbres, fe, prioridades, necesidades, sin embargo, una vez que establezca una rutina, debe cumplirla todos los días en la misma secuencia para poder formar el hábito y establecer el límite. Cuando los niños son mayores de 4 años aproximadamente, puede involucrarse a la hora de establecer la rutina, haciendo una lista de todo lo que se debe hacer y establecer en qué orden desean hacerlo, los padres pueden hacer sugerencias para que la secuencia lleve un orden lógico. Lo más importante de este proceso es que cuando los niños se involucran en construir la rutina, sienten mayor compromiso para cumplirla, ya que fueron ellos mismos los que la propusieron y no lo sienten como la imposición del padre.

  1. Establezca límites claros, consistentes (que se cumplan siempre) y respetuosos para todos: Establezca junto con sus hijos lo que es permitido en casa y que no de forma que sea respetuoso para el niño, para el adulto y para la situación, establézcalo como una norma y cúmplala siempre. Por ejemplo: comer solo en la mesa, dulces, confites o golosinas solamente después de comer y una cantidad de días limitada por semana, poner la ropa en una canasta para ropa sucia, tender la cama, recoger su paño y colocarlo en el lugar designado, llevar el plato, vaso y cuchara en el que comió al fregadero, recoger los juguetes después de jugar. Es muy importante que los padres sigan las norman también.
  2. Anticipe: Prepare al niño unos 5 minutos antes de que termine cada actividad, indicándole que pronto será hora de pasar a la siguiente actividad.
  3. Hable una vez y actúe: Una vez que se cumpla el tiempo, puede dar la indicación de que es hora de….. y hacer que se cumpla. Puede utilizar canciones, campanitas, frases con rimas, que indiquen la transición de una actividad a la otra, de forma que sea agradable, sin embargo, una vez que llegó el momento cambiar de actividad, debe indicarlo una vez de la forma que haya elegido y hacer que se cumpla.  Si lo dice una vez, dos veces y tres veces, el niño aprenderá que puede seguir en lo que está.

 

No tenga miedo de poner límites.  Si su hijo llora o se enoja cuando quiere hacer algo que está fuera de lo acordado,  manténgase firme, sea empática, puede darle un abrazo y consolarlo, pero no ceda.  No necesita retirar el afecto para ser firme, es más, no debe hacerlo.

 

Si pasa poco tiempo en casa, y cuando llega lo único que quiere es tener una ambiente cordial y sabe que si pone límites su hijo podría llorar o se enoja, piense que entre más consistente sea, es decir, entre más cumpla lo que dice, más rápido su hijo entenderá que llorar o “hacer berrinche” no funciona y dejará de hacerlo.